Barrio Junín levanta un mural homenaje a “Jona” Mirol, referente del fútbol barrial
En la tarde de ayer, el barrio Junín de Río Gallegos se vistió de reencuentro, emoción y colores: varios murales y pintadas decoran ahora una pared céntrica, homenajeando a Jonathan “Jona” Mirol, figura emblemática del fútbol barrial local. La iniciativa fue impulsada por exjugadores, clubes de barrio y vecinos que reconocen en Mirol no solo a un entrenador, sino a un formador de vida, identidad y comunidad.
Mirol —quien falleció recientemente y fue despedido públicamente con un gran acompañamiento de deportistas y allegados— tuvo un papel central en el desarrollo de jóvenes futbolistas de la ciudad. Su trabajo no se limitó al deporte: plantó valores, ofreció contención, cimentó amistades, y generó identidad.
La obra artística —un mural de gran tamaño— busca perpetuar su memoria. Sobre el paredón se despliegan imágenes evocativas, referencias al fútbol barrial: botas, pelota, canchas de tierra, nombres y rostros de quienes fueron sus alumnos, y frases de aliento que Mirol acostumbraba a repetir. El mural no solo recuerda a quien ya no está, sino que celebra su historia, su entrega, su huella en el barrio y en el deporte local.
Vecinos del barrio relataron que la idea surgió poco después del fallecimiento, en reuniones informales entre quienes compartieron cancha, infancia o adolescencia en clubes como Junín, Vial Santa Cruz, Unión Petroleros Privados (UPP) y Atlético Boxing Club —espacios en los que Mirol dejó su marca.
La inauguración del mural reunió a un número importante de vecinos: hubo emoción, abrazos, anécdotas compartidas, camisetas de clubes y muchas lágrimas. Para muchos, no fue sólo un acto simbólico, sino también una reparación simbólica: recuperar una identidad barrial, reivindicar el valor del fútbol de barrio y poner en valor el rol de quienes, como Mirol, construyeron comunidad desde abajo.
Este homenaje visual se suma a las despedidas realizadas en su nombre —la velatoria y el funeral— y consolida una memoria colectiva viva. El mural quedó como un punto de encuentro: cada vez que pase cualquiera por esa calle, no solo verá pintura: verá historia, esfuerzo, sueños compartidos y un legado que sigue vivo en cada cancha de tierra, en cada pelota, en cada chico que patea por primera vez.
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