En medio del escándalo por el título a Central, la AFA redobla la polémica: premio especial para Chiqui Tapia
La novela que comenzó con el sorpresivo reconocimiento de Rosario Central como campeón de la Liga Profesional —un título otorgado fuera de toda previsión reglamentaria y sin acuerdo general entre los clubes— acaba de sumar un nuevo capítulo que eleva la indignación en el fútbol argentino.
Mientras aún resuenan los cuestionamientos por la improvisación, la falta de transparencia y los métodos discrecionales que caracterizaron aquella decisión, la AFA eligió entregar su galardón más alto, el Alumni de Platino, nada menos que a su propio presidente, Claudio “Chiqui” Tapia.
El contraste no podría ser más evidente:
por un lado, un campeonato otorgado “desde una oficina”, denunciado como arbitrario y desacreditado incluso por planteles que se negaron a rendir honores;
y por otro, un premio especial al máximo responsable de ese clima de sospecha y desconfianza.
La ceremonia, realizada en Ezeiza, fue presentada como un acto de “reconocimiento institucional”. Pero la lectura dominante en el ambiente del fútbol fue otra: un mensaje político, un blindaje interno y una muestra de poder dirigida a quienes cuestionan los entramados poco claros que rodean a la gestión Tapia.
No es casual que esto ocurra en el mismo momento en que se multiplican los reclamos por decisiones tomadas sin consulta, premios sorpresa, reglas cambiadas sobre la marcha y movimientos que favorecen a ciertos clubes mientras perjudican a otros. Para muchos dirigentes, esto ya no es solo polémico: es directamente un retroceso en términos de transparencia deportiva.
La situación deja un sabor amargo.
Mientras hinchas, jugadores y especialistas reclaman un fútbol más claro, más justo y más profesional, la AFA responde con un premio a su presidente en medio de su peor semana. La pregunta que queda flotando es inevitable:
¿a quién beneficia realmente la estructura del fútbol argentino… y quiénes quedan siempre afuera?
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