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Un equipo del CONICET, junto con investigadores del Instituto de Investigaciones en Diversidad Cultural y Procesos de Cambio (IIDyPCa), presentó un estudio pionero que redefine la forma en que entendemos la movilidad de los antiguos pobladores de la Patagonia. El trabajo, publicado recientemente en la Journal of Archaeological Science, incorpora un modelo innovador que tiene en cuenta tanto los costos de desplazarse por tierra como por rutas acuáticas, demostrando que los lagos y ríos patagónicos funcionaban como “autopistas ancestrales” para los grupos humanos.

Rutas y agua: una unión inesperada

Hasta ahora, muchas reconstrucciones de movilidad humana prehistórica en la Patagonia han priorizado rutas terrestres. El nuevo modelo desafía esa visión: al asignar un “costo energético” a remar en embarcaciones tradicionales similares a canoas monóxilas, los investigadores lograron simular rutas que implican tanto tramos por agua como por tierra, encontrando que esos caminos mixtos habrían sido estratégicos. 

Para validar su modelo, los científicos usaron un método llamado Análisis de Ruta de Menor Costo (LCP, por sus siglas en inglés) combinado con datos georreferenciados de sitios arqueológicos del Parque Nacional Nahuel Huapi. Luego compararon esas rutas simuladas con las actuales que utilizan remeros locales, encontrando alta correspondencia. 

Implicancias arqueológicas y culturales

Estos hallazgos tienen un gran impacto: permiten comprender que el agua no era simplemente un obstáculo para los grupos antiguos, sino un recurso fundamental para moverse y conectarse. Según los investigadores, esto sugiere redes sociales más complejas, donde los lagos y ríos no solo facilitaban el paso, sino que también unían comunidades a través del tiempo.

Además, esta nueva perspectiva abre la puerta a reinterpretar sitios arqueológicos antiguos: aquellos enclavados en riberas lacustres o fluviales podrían haber tenido un rol clave en términos de conectividad social, logística y movilidad.

Contribución a la ciencia patagónica

El estudio fue liderado por Federico L. Scartascini y Alhue Bay Gavuzzo, quienes subrayan que el modelo no solo aporta al conocimiento histórico, sino que también refuerza estrategias de arqueología participativa: involucraron a remeros locales para comprender cómo se navegaba en el pasado.

Nuevos horizontes

Los expertos también ven un potencial muy grande para replicar este modelo en otras zonas de la Cordillera patagónica y lagos similares: es una herramienta para reconstruir corredores antiguos de movilidad, trazar redes humanas prehistóricas y orientar futuras exploraciones arqueológicas.

En definitiva, este estudio representa un salto conceptual: replantea la idea de que el paisaje patagónico era una barrera para el movimiento humano, y muestra que aquellos antiguos pobladores supieron aprovechar sus ríos y lagos de forma estratégica y eficiente.

Autor: estación del carmen